Por necesidad "vende" su cuerpo

Cancún
Quitana Roo

‘Katia’ tiene 20 años, hace dos meses que decidió enrolarse en el trabajo más antiguo del mundo: la prostitución.

Terminó el segundo año de secundaria, no cuenta con experiencia laboral, viene de una familia desintegrada, la necesidad la llevó a vender su cuerpo para darle de comer a su hija de un año de edad.

Las esposas sujetan su mano derecha a uno de los tubos de una banca de tres asientos. Su rostro refleja incertidumbre y temor, no sabe que es lo que va a pasar con ella: “nunca he estado en esta situación”, dice, mientras que con la otra mano se toca el rostro, para disimular la vergüenza.

Decidió llamarse ‘Katia’ para ocultar su verdadero nombre. Tiene puesto un short negro entallado y una blusa holgada, blanca: vestimenta que tienen que usar para verse más “sexy” y atraer a los clientes.

Se casó a los 17 años, un año después se embarazó, ahora su hija tiene un año. Desde muy pequeña su papá abandonó a su madre, a ella y su hermana. Su madre es la que las ha sacado adelante.

Estaba estudiando el segundo año de secundaria cuando se casó por lo civil bajo el régimen de bienes mancomunados. Tiene cuadro meses que se separó de su marido. Desde esa fecha no le da dinero para su hija.

Lo que no le parecía de él era que siempre estaba con su mamá, no se separaba de ella y de su hermano, casi no tenían tiempo para ella. Eso le molestaba.

Ahora, Katia vive con su mamá, quien es camarista, su hermana también hace ese trabajo en un hotel, tampoco terminó de estudiar pero vive bien con su marido.

La necesidad la llevó a ingresar al ‘negocio’ de la prostitución. Lo que gana su madre no les alcanza para subsistir, además de que no le gusta pedirle dinero para darle de comer a su hija.

Una amiga de la secundaria fue quien la enroló en esta actividad, que dejó la escuela para volverse sexoservidora de la ‘calle de las Sirenas’, como le dicen a las casas de citas que se ubica en la Supermanzana 66.

Va cada dos o tres días o cada vez que necesita dinero para llevar despensa a su casa. En un día bueno alcanza a sacar 500 pesos y cuando no hay casi clientes la mitad. A parte le tiene que dar a la dueña de la casa de cita.

Su madre ya sabe a lo que se dedica, se lo contó el ex esposo de Katia, que la encontró un día que fue al lugar a solicitar servicios sexuales de sus compañeras. La regañó, pero al final la comprendió.

Antes de que ‘Katia’ fuera ingresada a los separos de la Policía Judicial del Estado (PJE) por estar acusada de robarle dinero a su cliente, dice “saliendo de esta, voy a dejar esto. Voy conseguir un trabajo bien y a terminar de estudiar”.

Fuente: Sipse